No era fácil vivir como un eterno exiliado, un nómada ganándose la vida en lugares de los que muchos sólo habían oído hablar y ni siquiera sabían señalar en el mapa. Polizón especializado en hacer y deshacer equipajes sin más casa que la que llevaba a cuestas. Pasajero en el adiós y en la bienvenida. Sentía la querencia de pertenecer a algún sitio, pero el desarraigo le había convertido en un hombre sin tierra. Antes de abandonar aquella casa habitada por el eco, sentado en un sillón sin cojines y rodeado de cajas de cartón cubiertas de polvo errante, escribió una carta sin remitente ni destinatario y la echó sin sello al buzón. No esperaba comunicarse con nadie, tan solo quería saber si las palabras escritas por una persona extraviada a un destinatario inexistente hallarían respuesta en algún lugar de ninguna parte.
Málaga, a 6 de agosto de 2012.
