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martes, 1 de febrero de 2011

"Una historia de violencia"

El forense no aparecería hasta el lunes. Tiempo más que suficiente para que los signos de violencia empezasen a remitir. Tomó pues su cámara de fotos y se dispuso a dejar constancia de la crueldad que aquellos desalmados habían desplegado allí donde apenas se reconocía un cuerpo humano. A través de los destellos del flash y la precisión del zoom, aquellas imágenes se fueron transformando en radiografías que reflejaban la humillación, la rabia y la impotencia ocultas bajo una masa de contusiones y trazas de sangre. Se dirigió a la cocina con paso firme y abrió el cajón de los cubiertos. Nada de lo que allí había era lo bastante contundente como para ejecutar el trabajo que tenía en mente. Se metió las llaves en el bolsillo, se cerró la zamarra y salió por la puerta. Lo haría con sus propias manos desnudas.


Málaga, a 30 de diciembre de 2010.


("Una historia de violencia" pertenece a la serie Microrrelatos 150 publicada en este blog).

martes, 5 de octubre de 2010

Un plato que se sirve frío

Al fin se acabaron los largos siglos de lucha en pos de los derechos fundamentales de la mujer. Lo crean o no, ya ha llegado el ansiado día en que las mujeres occidentales han conseguido la igualdad que se merecían frente a los hombres. Todos esos denodados esfuerzos, todos esos sacrificios inhumanos por ponerse a la misma altura que nosotros, por fin han dado su fruto. Y es que esta sociedad, que ha crecido en democracia con dignidad y madurez, no se ha conformado con ver con buenos ojos anuncios de televisión en los que se hace mofa de la (supuesta) ineptitud del género masculino a la hora de poner una lavadora, planchar la ropa, cocinar algo más complejo que freír un huevo, o cuidar a un bebé, sino que se prepara para ese gran momento en que contemplaremos sin inmutarnos como una fémina de armas tomar (por no decir una heroína de su tiempo) abusa de su indefenso amante propinándole una paliza tan brutal como imaginativa...

Qué quieren que les diga, amigos y amigas. Pues que ya era hora de que se defendiera el derecho innegable a que la mujer se vuelva igual de bestia parda y descerebrada que lo peorcito nacido de entre aquellos a los que nos cuelgan dos pelotas entre las piernas. Ya tocaba deleitarse contemplando cómo las mujeres nos maltratan a nosotros y nos dan hasta en el carnet de identidad como en este videoclip. Aún diré más: no quedaré plenamente saciado hasta que algún iluminado (o iluminada) ruede un vídeo donde castren al personal masculino a diestro y siniestro, y si puede ser con material romo y oxidado, mejor que mejor. ¡Hemorragias masivas de origen fálico por doquier! Hay que ver qué bonito y loable resulta este nuevo fenómeno social... Por cierto, yo lo llamo revanchismo, aunque por ahí algunos (y algunas) lo han bautizado con un término de cuyo nombre no quiero acordarme.

El caso es que, de tanto darle vueltas al asunto, al final me va a dar por pensar que esta recién nacida y benefactora igualdad que a todos nos gusta tanto, al igual que la venganza, es un plato que se sirve frío.

(Como si lo estuviera viendo: después de esto me van a llover más hostias que al Adam Levine en el vídeo… ¡Divertidísimo, por cierto!)