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lunes, 9 de junio de 2014

El camino

Entre un pueblo de interior y un humilde distrito de la capital existen setenta kilómetros de camino por los que, ciertos domingos, bajo el vuelo lento del sol vespertino y guiados por reflectantes señalizaciones, circulan confidencias y confesiones entre el dueño de un volante y su acompañante vecino, sobre las curvas y rectas, cruceros y rasantes, frenazos y aceleraciones, callejones sin salida y vacilantes bifurcaciones por los que nos conducimos en nuestro sino de caminantes polizones. Y nunca estos viajes nos han llevado a otro puerto o destino que no fuesen los parajes donde vivimos, el suelo de nuestras emociones, paisajes incomprendidos, el sueño en las habitaciones donde dormimos, velamos y despertamos para soñar despiertos y en vilo con líneas discontinuas de ilusiones, con virajes sin cambiar de sentido, con una vereda sin tuertos, con un atajo de interminables ensoñaciones.

Co'D.

domingo, 9 de enero de 2011

Ύπνος

Abrió el Cuaderno de Ύπνος en busca de sus sueños, y en sus polvorientas hojas los encontró impresos. Estampados en la primera los que habían quedado atrás. En la segunda bordados los convertidos en realidad. Aguardaban en la tercera los que habrían de llegar. Disponíase a pasar la hoja cuando detuvo su mano... Las yemas de sus dedos habían percibido el vacío al otro lado.

viernes, 17 de diciembre de 2010

"La única luz"

No queda una sola luz encendida en la ciudad. Sólo los faros de los coches iluminan a ráfagas las calles pobladas por sombras. Atravieso el portal a tientas y me dispongo a subir las escaleras. De pronto siento el ascensor descendiendo, emitiendo latidos provenientes de un corazón mecánico. Si el mundo está a oscuras, ¿qué hace esa luz violácea apareciéndose en la planta baja? Al otro lado del cristal se presenta una figura inmóvil y desdibujada. Aún estoy a tiempo de no abrir la puerta… Un rostro desfigurado por una túrbida imaginación. Una sonrisa vagando funámbula al borde de la locura. Unos ojos desorbitados que parecen ver más allá de los límites del mal. Sólo tengo tiempo de pensar que jamás llegaré a casa. Un segundo después, mi cabeza incrustada en el techo del ascensor apaga la única luz que quedaba con vida en la ciudad.


Málaga, a 17 de diciembre de 2010.


("La única luz" pertenece a la serie Microrrelatos 150 publicada en este blog).