martes, 16 de junio de 2015

Música nocturna (I): Una cuestion de fe

No importa cuántos filósofos y poetas hayan transformado sus palabras en arte, ya sea a viva voz o con el puño y la letra del hombre, pues hay cosas que el lenguaje humano no puede expresar con palabras. Susurros en la imaginación para los que no existe una voz. Sentimientos para los que no existen sinónimos entre los labios, acaso traicionados por exceso en el detalle o una torpe vaguedad; por levantar la voz silenciando lo que te cuenta el silencio cuando sabes escuchar. Y sobre todas esas cosas gobiernan aquellas que, pasando el tiempo, no llegaste a tiempo de decir... Las palabras que no te he dicho esta noche no pueden regresar para convertirse en mi voz crepuscular y antesala de tu sueño, pero en mitad de la madrugada han cobrado cuerpo y alma a través de mudas melodías. Porque la música sin palabras sublima las almas en las que se adentra, mágica pintura abstracta del pensamiento. Porque encontrar las palabras justas es un juego en el que hay que saber perder, pero encontrar la música que hable por nosotros es una cuestión de fe.

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